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martes, febrero 24, 2026

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Educación en Tamaulipas: el discurso millonario y las aulas que no alcanzan

Opinión: Luis I. Valtierra Hernández
Columna: Criticar por Criticar

En Tamaulipas, la educación volvió a convertirse en cifra de escaparate. Dos mil 600 millones de pesos en tres años, presume el gobernador Américo Villarreal Anaya. El problema no es el monto; es la distancia entre el discurso y la realidad que pisan a diario alumnos y maestros. Porque mientras el gobierno enumera millones y porcentajes en un programa dominical, en demasiadas escuelas el pizarrón sigue roto, el baño no funciona y el maestro hace de intendente, psicólogo y gestor para que la escuela no se caiga a pedazos.

El gobernador asegura que nadie se quedará sin pupitre, salón o docente. Es una promesa que suena bien en radio y redes, pero que se desmorona al salir de cabina. Basta recorrer colonias periféricas y comunidades rurales para encontrar aulas improvisadas, grupos saturados y planteles donde el “avance del 70 por ciento” no se siente ni se ve. La educación no se mide en PowerPoint ni en boletines; se mide en aprendizaje, permanencia y condiciones dignas. Y ahí, Tamaulipas sigue a deber.

La narrativa oficial insiste en que los espacios estaban “abandonados por gobiernos anteriores”. Es el recurso más viejo del manual político: culpar al pasado para maquillar el presente. Tres años después, la responsabilidad ya no es heredada, es propia. Si la meta era rehabilitar el 100 por ciento de las escuelas básicas, ¿por qué aún hay planteles esperando lo elemental? ¿Por qué la urgencia se diluye entre giras, convenios y anuncios?

También se habla de “piso parejo” con becas, útiles y uniformes. Nadie discute que esos apoyos alivian bolsillos, pero no corrigen el problema de fondo: la calidad educativa. Entregar paquetes no sustituye la falta de maestros, la capacitación real ni la infraestructura funcional. Es política social, no política educativa.

El gobernador presume conectividad total en zonas rurales y 90 por ciento en áreas urbanas. La estadística suena impecable hasta que uno pregunta por la velocidad, la estabilidad y el uso pedagógico de ese internet. Tener señal intermitente no es conectividad; es simulación tecnológica. La brecha digital no se cierra con un módem colgado, sino con acceso continuo y herramientas que sirvan para aprender.

En educación superior, el anuncio de nuevas universidades vuelve a inflar el discurso. Más edificios no garantizan mejor formación ni pertinencia académica. Antes de celebrar rankings y porcentajes, habría que revisar si los egresados encuentran empleo, si los programas responden a la economía real del estado o si solo se multiplican matrículas sin rumbo.

Incluso cuando se menciona a la UNESCO o se evocan historias de éxito ligadas a la NASA, el mensaje parece más motivacional que estructural. Los ejemplos inspiran, sí, pero no resuelven aulas sin techo ni escuelas sin agua.

En síntesis, el gobierno estatal ha convertido la educación en un relato de números optimistas y frases redondas. Pero la realidad, terca como es, sigue mostrando carencias. En Tamaulipas no hace falta otro programa de autoelogio; hace falta menos propaganda y más resultados visibles. Porque mientras la educación se administre como discurso, y no como política pública efectiva, los millones seguirán siendo eso: cifras que no alcanzan a tocar el salón de clases.

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Luis I. Valtierra Hernández
Luis I. Valtierra Hernándezhttps://luisvaltierranoticias.com
Periodista Independiente; 24 años ejerciendo esta hermosa profesión.

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