Opinión: Luis I. Valtierra Hernández
Columna: Criticar por Criticar
En la tribuna del Congreso todo suena bien. Los números se acomodan, los discursos fluyen y los funcionarios repiten con convicción que Tamaulipas avanza. Eso fue exactamente lo que ocurrió durante la comparecencia del secretario de Turismo, Benjamín Hernández Rodríguez, quien aseguró que el turismo se ha convertido en una de las principales palancas de desarrollo económico y social del estado bajo la administración del gobernador Américo Villarreal Anaya.
El problema es que fuera del recinto legislativo la realidad es mucho menos alentadora.
Ante los diputados encabezados por el presidente de la Mesa Directiva, Sergio Ojeda Castillo, y el presidente de la Junta de Gobierno, Humberto Prieto Herrera, el funcionario presentó cifras que, sobre el papel, parecen espectaculares: más de 17.4 millones de visitantes en 2025 y una derrama económica superior a los 16 mil millones de pesos. Un crecimiento de más de 3.2 millones de turistas respecto al año anterior, según su versión.
Pero las cifras, cuando se presentan sin contexto, pueden convertirse en el mejor maquillaje político.
La mayor parte de esos visitantes —admitió el propio secretario— llega por carretera. Es decir, muchos simplemente atraviesan el estado rumbo a otros destinos o visitan playas y puntos específicos durante temporadas vacacionales. Difícilmente se trata de una industria turística sólida o de un modelo de desarrollo sostenido. En otras palabras, se vende como éxito lo que en realidad sigue siendo una actividad estacional y dependiente del turismo regional.
Mientras en el Congreso se habla de crecimiento, en muchos destinos turísticos del estado la infraestructura sigue siendo deficiente, la promoción es limitada y la percepción de inseguridad continúa siendo una barrera que el gobierno no ha logrado derribar del todo.
El funcionario también presumió campañas como “Paisano, regálale un día a Tamaulipas”, una estrategia que en el fondo evidencia una realidad incómoda: el estado sigue intentando convencer a quienes solo van de paso de quedarse unas horas más. No es precisamente el retrato de una potencia turística.
Como si se tratara de un gran logro estructural, el secretario anunció además que Tamaulipas será sede del Tianguis Nacional de Pueblos Mágicos 2026. Un evento importante, sin duda, pero que por sí solo no transforma una industria ni resuelve los problemas históricos del sector. Organizar un evento es sencillo; convertirlo en beneficios duraderos para las comunidades es otra historia.
El discurso oficial insiste en que los indicadores muestran que el turismo avanza y que el estado está en la ruta correcta. Sin embargo, lo que se escucha en la tribuna contrasta con lo que viven muchos municipios donde el turismo sigue siendo más una promesa política que una verdadera fuente de desarrollo.
Hablar de “turismo con sentido social” suena bien en un informe, pero en la práctica muchas comunidades continúan esperando inversiones, infraestructura y estrategias reales que les permitan beneficiarse de esa actividad.
En política, inflar cifras y repetir discursos optimistas es una práctica común. Lo difícil es transformar esas promesas en resultados tangibles. Y en el caso del turismo en Tamaulipas, la distancia entre la narrativa oficial y la realidad sigue siendo demasiado grande como para celebrarla.




