Libertad de expresión según el gobierno: aplausos sí, cuestionamientos no

Opinión: Luis I. Valtierra Hernández
Columna: Criticar por Criticar

Nuevo Laredo, Tamaulipas – Resulta paradójico que desde el poder se invoque la defensa de un periodismo libre y crítico mientras se construyen narrativas oficiales que parecen exigir alineación más que independencia. El gobernador Américo Villarreal Anaya aprovechó la conmemoración del Día de la Libertad de Expresión para hacer un llamado a fortalecer un periodismo responsable, comprometido con la verdad y alejado de la desinformación. El mensaje, en apariencia irreprochable, deja sin embargo varias interrogantes sobre la mesa.

Hablar de verdad siempre es cómodo cuando quien define qué es verdad ocupa el poder. Más complicado resulta aceptar la crítica, tolerar el escrutinio y convivir con las voces incómodas que cuestionan decisiones gubernamentales. La libertad de expresión no se pone a prueba cuando los medios difunden logros oficiales; se pone a prueba cuando exhiben errores, señalan inconsistencias o investigan aquello que el gobierno preferiría mantener fuera del debate público.

Durante su mensaje, el mandatario advirtió sobre la proliferación de noticias falsas, rumores y campañas de desinformación en redes sociales. Nadie puede negar que el fenómeno existe. El problema surge cuando el concepto de “noticia falsa” se convierte en una etiqueta utilizada para desacreditar cualquier información incómoda o cualquier opinión que contradiga la narrativa gubernamental.

La convocatoria a propietarios y directivos de medios de comunicación a la Mesa de Paz también envía señales encontradas. Por un lado, puede interpretarse como un ejercicio de diálogo institucional. Por otro, refleja la creciente cercanía entre el poder político y algunos sectores mediáticos, una relación que históricamente ha despertado sospechas cuando la crítica disminuye al mismo ritmo que aumentan los encuentros oficiales.

El discurso gubernamental insiste en que Tamaulipas vive una transformación histórica y que hoy el estado debe ser contado a través de sus avances y resultados. Sin embargo, el papel del periodismo no es promocionar gobiernos ni convertirse en una extensión de las oficinas de comunicación social. Su función es documentar la realidad completa, incluyendo aquello que incomoda, molesta o contradice los mensajes triunfalistas.

Más llamativas resultaron las declaraciones del coordinador de Comunicación Social, quien aseguró que los medios cuentan con un gobierno que respeta plenamente su labor. La afirmación sería más contundente si proviniera de los propios periodistas y no de un funcionario encargado precisamente de construir la imagen pública de la administración estatal.

La historia demuestra que ningún gobierno rechaza la cobertura favorable. Lo que realmente distingue a una administración comprometida con la libertad de expresión es su capacidad para soportar la crítica sin descalificarla, para responder cuestionamientos sin victimizarse y para aceptar que la prensa no está para aplaudir, sino para vigilar.

La verdad no necesita protección gubernamental. Necesita transparencia, acceso a la información y funcionarios dispuestos a rendir cuentas. Lo demás corre el riesgo de convertirse en un discurso políticamente atractivo, pero distante de la esencia misma de una prensa libre.

Porque cuando desde el poder se habla de unidad, cohesión y defensa de una transformación específica, surge una pregunta inevitable: ¿se está defendiendo la libertad de expresión o se está promoviendo una visión de la realidad que todos deberían compartir?

Esa diferencia es precisamente la que separa a una democracia saludable de un sistema donde la crítica comienza a ser vista como una amenaza.

Luis I. Valtierra Hernández
Luis I. Valtierra Hernándezhttps://luisvaltierranoticias.com
Periodista Independiente; 24 años ejerciendo esta hermosa profesión.

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