Opinión: Luis Valtierra Hernández
Columna: Criticar por criticar
—“No eres bienvenido”, el mensaje que terminó exhibiendo más de lo que pretendían
Hay desplantes que dicen mucho de quien los hace y todavía más cuando ocurren en el lugar equivocado.
Ayer, Pedro Lozano no tuvo oportunidad de ingresar a un evento de la Secretaría de Economía de Tamaulipas realizado en Nuevo Laredo. Y no estamos hablando de una reunión partidista, de un acto de campaña ni de una encerrona política.
Era un evento dirigido a empresarios.
Por eso resulta difícil entender que a un empresario se le haya cerrado la puerta precisamente en un encuentro cuyo propósito era presentar alternativas de financiamiento para empresas.
Investigué sobre lo ocurrido y me enteré, que dos personas —Mauricio Flores y Luis Cantú— se acercaron a Pedro Lozano para decirle: “No eres bienvenido”.
La frase, por sí sola, resulta desafortunada.
Pero adquiere otra dimensión cuando se recuerda que Pedro Lozano, independientemente de sus aspiraciones políticas y de cualquier cercanía que pueda tener con determinados actores, antes que precandidato es empresario.
Y como empresario tenía, en principio, una razón perfectamente entendible para acudir a un evento destinado precisamente al sector empresarial.
Aquí es donde la política empieza a contaminar innecesariamente lo que debería ser una actividad institucional.
Porque si el criterio para entrar a un evento de la Secretaría de Economía depende de simpatías políticas, de grupos, de aspiraciones futuras o de quién se lleva bien con quién, entonces el problema ya no es Pedro Lozano.
El problema es mucho mayor.
¿Desde cuándo un empresario deja de ser empresario porque aspira a participar en política?
¿Desde cuándo una actividad pública destinada al sector productivo se convierte en un filtro de lealtades?
¿Y quién decidió que Pedro Lozano no era bienvenido?
Son preguntas que alguien debería responder.
Además, hay un ingrediente que hace todavía más peculiar el episodio.
Carlos Alfonso Candelaria López, funcionario de la Secretaría de Economía federal, estuvo en Nuevo Laredo en representación del secretario Marcelo Ebrard. Durante su estancia, Pedro Lozano habría participado en su atención y traslado, incluso acompañándolo en una comida con empresarios locales y posteriormente trasladándolo a Matamoros.
Es decir, existe una relación previa y pública entre ambos.
Eso, por supuesto, no le concede a Lozano privilegios ni lo coloca por encima de nadie. Pero tampoco debería convertirse en motivo para cerrarle la puerta de un evento empresarial.
Si la intención era marcar distancia política, la estrategia resultó bastante peculiar.
Porque lejos de desaparecer a Pedro Lozano de la escena, el episodio terminó colocándolo justamente en el centro de la conversación.
Y eso es lo que muchas veces no entienden quienes pretenden administrar políticamente hasta las puertas de entrada.
Cuando intentas excluir a alguien, puedes terminar convirtiéndolo en protagonista.
Si la decisión fue de Mauricio Flores y Luis Cantú por iniciativa propia, deberían explicarlo.
Si recibieron una instrucción, también sería conveniente saber de dónde vino.
Y si nadie ordenó nada y simplemente actuaron por cuenta propia, entonces el asunto tampoco es menor. Significaría que hay colaboradores tomando decisiones que pueden comprometer políticamente a una secretaria y generar un conflicto innecesario con un empresario de la localidad.
En cualquiera de los escenarios, alguien falló.
Porque una cosa es tener diferencias políticas y otra muy distinta utilizar un evento institucional para hacerlas evidentes.
Y todavía hay algo más.
Morena habla constantemente de unidad, inclusión y construcción colectiva. Pero la unidad no se demuestra solamente cuando todos aparecen juntos en la fotografía conveniente.
La verdadera unidad se demuestra cuando existen diferencias y, aun así, hay capacidad para sentarse a la mesa.
Cerrar una puerta es fácil.
Abrirla, escuchar al otro y mantener los canales de diálogo abiertos requiere mucha más madurez política.
Ninfa Cantú tenía ayer una oportunidad muy sencilla de demostrar que un empresario puede ser recibido como empresario, independientemente de sus aspiraciones políticas.
No lo hizo. Y si alguien dentro de su equipo tomó la decisión por cuenta propia, entonces el problema tampoco queda resuelto.
Porque los funcionarios y colaboradores que actúan en nombre de una secretaria terminan siendo parte de su equipo, para bien o para mal.
Lo ocurrido deja una lección elemental: en política, las puertas que se cierran públicamente rara vez se quedan solamente en la puerta.
A veces terminan convirtiéndose en un mensaje.
Y ayer, el mensaje fue bastante claro.
“No eres bienvenido”.
Ahora habrá que ver quién decidió que así fuera.




