Opinión: Luis I. Valtierra Hernández
Columna: Criticar por Criticar
El gobierno de Tamaulipas insiste en vender una historia de éxito turístico que, al revisarse con calma, parece más una construcción discursiva que una realidad palpable en la mayoría de los destinos del estado. La narrativa oficial habla de récords, reconocimientos internacionales y millones de visitantes. La experiencia de muchos empresarios locales cuenta otra historia.
Durante su programa “Diálogos con Américo”, el gobernador Américo Villarreal Anaya aseguró que en 2025 la entidad recibió 17.5 millones de visitantes y generó una derrama superior a 16 mil millones de pesos. Dicho así, suena espectacular. El problema es que nadie explica con claridad de dónde salen esas cifras, qué metodología se utiliza para contarlas ni cuántos de esos supuestos visitantes son realmente turistas que llegan, se hospedan y consumen servicios.
Porque en la práctica, el turismo no se mide con discursos. Se mide con hoteles llenos, con restaurantes trabajando a tope, con nuevas inversiones y con destinos consolidados. Y la realidad es que, fuera de algunos puntos muy específicos del estado, ese escenario aún está lejos de convertirse en la norma.
El gobierno presume campañas como “Tamaulipas Seguro te Enamora”, pero basta conversar con operadores turísticos o empresarios del sector para escuchar otra versión: la promoción sin seguridad real termina siendo sólo publicidad. En varias regiones del estado, la percepción de riesgo sigue siendo un factor que limita el crecimiento turístico, aunque desde el poder se repita lo contrario.
También se mencionan congresos y eventos como el Congreso Mexicano del Petróleo o encuentros académicos realizados en el estado. Es cierto que esos eventos generan movimiento económico momentáneo, pero convertirlos en prueba de un gran posicionamiento turístico resulta francamente exagerado. Un congreso dura unos días; el turismo real se construye con flujo constante durante todo el año.
El discurso oficial también se apoya en reconocimientos como el otorgado a la Reserva de la Biósfera El Cielo. Nadie discute que se trata de uno de los tesoros naturales más importantes del país. Lo cuestionable es que ese potencial siga sin traducirse en una infraestructura turística sólida, accesos adecuados o una promoción estratégica permanente.
Algo similar ocurre con los llamados Pueblos Mágicos del estado, como Tula o Mier. Los títulos están ahí, sí. Pero los beneficios reales siguen siendo limitados cuando faltan inversiones, conectividad y una estrategia turística que vaya más allá de los anuncios oficiales.
Mientras tanto, el gobierno celebra que Tampico será sede del Tianguis Nacional de Pueblos Mágicos. Seguramente habrá discursos, fotografías y aplausos. Pero el verdadero reto no es organizar eventos vistosos, sino resolver los problemas estructurales que han frenado el desarrollo turístico de Tamaulipas durante décadas.
El punto central es simple: el turismo no crece por decreto ni por propaganda institucional. Crece cuando existe seguridad consistente, infraestructura funcional, inversión privada sostenida y confianza real de los visitantes.
En lugar de inflar cifras o repetir consignas optimistas, el gobierno estatal debería apostar por la transparencia y reconocer que el potencial turístico de Tamaulipas sigue siendo, en gran medida, una promesa pendiente.
Porque cuando el discurso oficial se aleja demasiado de la realidad, termina ocurriendo lo inevitable: la propaganda se vuelve evidente y la credibilidad se evapora.




