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El hospital que se inaugura a medias: salud pública entre discursos y realidades

Opinión: Luis I. Valtierra Hernández
Columna: Criticar por Criticar

Nuevo Laredo, Tamaulipas – Hay inauguraciones que representan un verdadero avance para una ciudad y otras que, además de cortar un listón, sirven para construir un discurso político. La apertura del nuevo Hospital General del ISSSTE en Tampico corre el riesgo de quedar atrapada entre ambas cosas.

La presidenta Claudia Sheinbaum llegó a Tamaulipas para inaugurar un hospital que, de acuerdo con el propio director general del ISSSTE, Martí Batres, todavía no está operando en su totalidad. Y ese pequeño detalle debería ser mucho más importante que las fotografías oficiales, los aplausos y los discursos sobre la recuperación de la salud pública.

Porque sí: que Tampico tenga una infraestructura hospitalaria nueva, moderna y con mayor capacidad es una buena noticia. Nadie sensato podría estar en contra de que los derechohabientes tengan mejores instalaciones. El problema comienza cuando una obra parcialmente habilitada se presenta como si el problema de fondo estuviera resuelto.

El propio Batres fue claro: el hospital comenzará con determinadas áreas y en las siguientes semanas se realizarán pruebas, calibraciones y aperturas graduales de servicios como imagenología, hospitalización, urgencias, laboratorios, cirugía, hemodiálisis, quimioterapia, hemodinamia y banco de sangre.

Entonces la pregunta es inevitable: ¿se inauguró un hospital o se inauguró la promesa de un hospital completo?

La diferencia no es semántica. Para una persona enferma, un quirófano que todavía no funciona, un laboratorio pendiente o un servicio de urgencias que no opera plenamente no son detalles administrativos. Son la diferencia entre recibir atención a tiempo o tener que buscarla en otro lugar.

Sheinbaum habló de recuperar el acceso a la salud pública como un derecho. Es un planteamiento correcto y difícilmente cuestionable. Pero convertir ese derecho en realidad exige mucho más que edificios nuevos. Hace falta personal suficiente, medicamentos, insumos, especialistas, mantenimiento, equipos funcionando y, sobre todo, capacidad para atender a los pacientes cuando realmente lo necesitan.

Y ahí es donde los discursos suelen quedarse cortos.

El ISSSTE tiene carencias. La propia presidenta las reconoció. Lo paradójico es que mientras se habla de recuperar una institución que durante décadas sufrió abandono, se pretende que una nueva infraestructura sea prácticamente la prueba definitiva de que el problema está solucionado.

No lo es.

Un hospital no se mide por el tamaño de su edificio ni por la cantidad de camas que aparecen en una presentación. Se mide por cuántos pacientes atiende, cuánto tarda una persona en conseguir una consulta, si existen medicamentos cuando se necesitan, si hay especialistas disponibles y si una emergencia puede resolverse sin enviar al paciente a otra institución.

El nuevo hospital contempla 250 camas censables y 37 consultorios, frente a los 20 que tenía el antiguo inmueble. Son números importantes. Pero los números por sí solos no curan a nadie.

También resulta llamativo el entusiasmo del gobernador Américo Villarreal al hablar de un sistema de salud digno y de un gobierno que tiene como centro a la persona. Suena bien. Incluso muy bien. Pero precisamente por eso el estándar debe ser más alto.

No basta con decir que ahora sí existe voluntad política.

La ciudadanía tiene derecho a exigir resultados.

Tampoco ayuda convertir cada obra pública en una ceremonia de autocomplacencia. Cuando los funcionarios se felicitan entre ellos, existe el riesgo de que se pierda de vista al verdadero destinatario de la infraestructura: el derechohabiente que llega con dolor, con miedo o con una enfermedad que no puede esperar a que termine la siguiente etapa de pruebas y calibraciones.

La frase de Martí Batres sobre el respaldo del gobernador, al calificarlo como un hombre “bondadoso” y comprometido con la salud, pertenece al terreno de la política y la cortesía institucional. Pero un sistema sanitario no necesita funcionarios bondadosos; necesita instituciones eficaces, transparentes y capaces de responder.

Y eso tendrá que demostrarse con hechos.

La inauguración del hospital puede ser el comienzo de una nueva etapa para el ISSSTE en Tampico. También puede convertirse en otra obra monumental que luce impecable el día de la fotografía y enfrenta problemas de operación cuando se apagan las cámaras.

La diferencia dependerá de lo que ocurra después de la ceremonia.

Que funcionen las urgencias. Que lleguen los medicamentos. Que haya especialistas. Que los equipos estén operativos. Que las cirugías se realicen. Que el banco de sangre tenga capacidad. Que la hemodiálisis no se convierta en una lista de espera. Que la atención sea digna y oportuna.

Eso es recuperar la salud pública.

Lo demás son discursos.

Y si la Cuarta Transformación realmente pretende demostrar que la salud es un derecho y no una dádiva, tendrá que entender algo elemental: un hospital no se inaugura cuando se corta el listón; se inaugura cuando está listo para salvar vidas.

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