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Mucho discurso, poca autocrítica: Américo presume la gira de Sheinbaum mientras Tamaulipas sigue esperando resultados

Opinión: Saul Venegas de la Rosa
Columna: Retorciendo Palabras

Laredo, Texas – Por tres días, Claudia Sheinbaum recorrió Tamaulipas y dejó a su paso anuncios, inauguraciones, compromisos y fotografías con funcionarios. Al terminar la gira, el gobernador Américo Villarreal salió a hacer lo que mejor sabe hacer desde su programa “Diálogos con Américo”: enumerar logros, repartir reconocimientos y presentar prácticamente cualquier anuncio federal como prueba irrefutable de que la transformación ya está funcionando.

El problema es que gobernar no consiste en hacer un inventario de obras ni en repetir que “vamos a paso firme”. Gobernar también significa reconocer lo que no funciona, explicar los retrasos y responder por los problemas que siguen afectando a los tamaulipecos.

Y de eso hubo muy poco.

Villarreal dedicó buena parte de su intervención a elogiar a la presidenta Claudia Sheinbaum por haber destinado tres días a recorrer Tamaulipas. Ciertamente, no es común que una mandataria federal concentre una gira de esa duración en un solo estado. Pero convertir la extensión de una visita presidencial en un indicador de éxito gubernamental resulta, cuando menos, exagerado.

La ciudadanía no necesita que le expliquen cuántas horas estuvo la presidenta en Tamaulipas. Necesita saber qué cambiará realmente después de su visita.

Porque mientras el gobernador presume avances en vivienda, agua y salud, en la entidad persisten problemas que no desaparecen con un discurso.

Vivienda: las cifras impresionan, pero falta ver las llaves

Uno de los grandes anuncios fue el crecimiento de la meta del programa Vivienda para el Bienestar, que pasó de 60 mil a 84 mil viviendas en Tamaulipas.

La cifra es enorme y, sobre el papel, suena espectacular.

Pero aquí conviene hacer una pausa.

Una meta no es una casa. Un porcentaje de avance tampoco es una familia viviendo bajo un techo digno. Y anunciar miles de viviendas no resuelve automáticamente el déficit habitacional ni garantiza que quienes realmente necesitan una vivienda puedan acceder a ella.

El gobernador habló de un avance del 60 por ciento en 29 municipios. Perfecto. Ahora habrá que medir cuántas viviendas están terminadas, cuántas fueron entregadas y cuántas familias tienen ya las escrituras en sus manos.

Porque en política suele ser muy sencillo inaugurar metas. Lo complicado es cumplirlas.

El agua: la obra que Tamaulipas no puede darse el lujo de fallar

En Ciudad Victoria, el Gobierno del Estado presume una inversión de 2 mil 600 millones de pesos para una segunda línea del acueducto desde la presa Vicente Guerrero.

La obra es necesaria. Eso nadie lo discute.

El problema es que el agua dejó de ser hace mucho tiempo un asunto secundario en Tamaulipas. Es una de las principales preocupaciones de la población y una de las áreas donde los gobiernos tienen menos margen para equivocarse.

El gobernador asegura que el nuevo acueducto garantizará el suministro durante los próximos 30 años. Es una afirmación ambiciosa.

Pero garantizar agua por tres décadas no depende únicamente de construir 54.7 kilómetros de tubería. También implica mantenimiento, capacidad de potabilización, crecimiento poblacional, disponibilidad del recurso, eficiencia en las redes y una administración responsable del sistema.

La obra puede convertirse en una solución histórica. Pero todavía no lo es.

Primero hay que terminarla, ponerla a funcionar y comprobar que efectivamente cumple con lo prometido.

Salud: inaugurar hospitales no significa resolver la crisis

Quizá el punto más delicado del discurso fue el sector salud.

Américo Villarreal, médico de profesión, aseguró que nunca había visto a un presidente o presidenta con tanta atención en mejorar el sistema sanitario.

Es una declaración política legítima, pero también peligrosamente complaciente.

Porque los hospitales no se evalúan por la ceremonia de inauguración.

Se evalúan cuando un paciente necesita una consulta y obtiene una cita. Cuando requiere un medicamento y lo encuentra. Cuando llega a urgencias y es atendido. Cuando necesita una cirugía y no tiene que esperar meses. Cuando existen médicos especialistas, enfermeras, insumos y equipos funcionando.

El nuevo Hospital Regional del ISSSTE en Tampico y el Hospital General de Ciudad Madero representan inversiones importantes. Pero, incluso durante la inauguración del nosocomio del ISSSTE, se reconoció que varias áreas entrarían en operación de manera gradual.

Eso significa que todavía falta ver el verdadero funcionamiento de esas instituciones.

Decir que se recupera el acceso a la salud pública es una cosa. Demostrarlo todos los días frente a los pacientes es otra muy distinta.

El gobernador habla de transformación; la gente exige resultados

El problema de “Diálogos con Américo” es que corre el riesgo de convertirse en un programa donde el gobernador se entrevista consigo mismo, se responde, se reconoce y termina felicitando a su propia administración.

La edición número 30 terminó, incluso, con un reconocimiento para el mandatario.

Curiosamente, en un espacio donde se habló de “privilegiar siempre la verdad” y de mantener informada a la población, habría sido mucho más interesante escuchar un ejercicio de autocrítica.

¿Por qué no hablar de las fallas eléctricas que afectan a Tamaulipas? ¿Por qué no explicar los problemas de infraestructura que todavía padecen comunidades enteras? ¿Por qué no hacer un balance puntual de las obras retrasadas? ¿Por qué no reconocer dónde no se han cumplido las metas?

Eso también es informar.

Y quizá sea incluso más importante que mostrar fotografías de una gira presidencial.

La gira de Sheinbaum fue importante. El triunfalismo no

Claudia Sheinbaum recorrió Reynosa, Matamoros, Ciudad Victoria, Villa de Casas, Tampico y Ciudad Madero. Visitó proyectos de vivienda, infraestructura hidráulica, carreteras, tecnificación de distritos de riego y hospitales.

Es una señal política importante para Tamaulipas.

Pero una gira presidencial no puede convertirse en una especie de certificado de aprobación automática para el Gobierno estatal.

La presidenta viene, anuncia, supervisa e inaugura. Después se va.

Los que se quedan son los tamaulipecos.

Y son ellos quienes tendrán que lidiar con los servicios públicos, con el agua, con las carreteras, con los hospitales, con la seguridad, con la electricidad y con todos los problemas que no caben en una fotografía oficial.

Américo Villarreal puede seguir diciendo que la transformación avanza. Puede seguir hablando de “gobierno humanista” y de “paso firme”.

Pero al final, la realidad no se mide en discursos.

Se mide en resultados.

Una vivienda entregada. Un hospital funcionando. Un medicamento disponible. Una carretera transitable. Un servicio de agua constante. Una familia que deja de padecer una carencia.

Todo lo demás es propaganda.

Y Tamaulipas ya está demasiado acostumbrado a los gobiernos que prometen futuro mientras presumen como presente lo que todavía está en construcción.

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