Opinión: Luis I. Valtierra Hernández
Columna: Criticar por Criticar
En Nuevo Laredo ya nadie puede fingir sorpresa. A medida que el calendario político avanza, también crece una estrategia de desgaste que ha dejado de centrarse en el debate público para convertirse en una operación de linchamiento digital. La pregunta que hoy circula en las calles, en las oficinas y en los propios círculos políticos es inevitable:
¿Quién está financiando y coordinando la campaña de ataques contra la alcaldesa Carmen Lilia Canturosas Villarreal?
Lo que comenzó como una serie de críticas a su administración escaló rápidamente hacia un terreno más oscuro. Han aparecido publicaciones sobre propiedades, asuntos familiares y aspectos de su vida privada; también fotografías manipuladas, videos alterados y contenidos fabricados con inteligencia artificial que se difunden con la velocidad de una epidemia. No se trata de fiscalización ni de periodismo de investigación. Es propaganda diseñada para golpear la reputación de una persona y sembrar confusión entre los ciudadanos.
La política mexicana siempre ha conocido la guerra sucia. No es nueva. Lo verdaderamente preocupante es la normalización de la mentira digital como herramienta electoral. Quienes recurren a montajes, cuentas anónimas y campañas coordinadas demuestran una alarmante pobreza política. Cuando un aspirante necesita destruir al adversario porque no puede construir una propuesta, queda claro quién carece de proyecto y de liderazgo.
También conviene decirlo sin rodeos: el periodismo tiene límites éticos. Investigar el ejercicio del poder es una obligación democrática; inventar historias, manipular imágenes o convertir la intimidad de alguien en mercancía política es otra cosa muy distinta. Ningún reportero serio puede confundir la crítica documentada con el ataque personal. Y en Nuevo Laredo ya existen antecedentes de procesos legales relacionados con campañas de desprestigio que cruzaron esa línea.
Los ciudadanos merecen una contienda basada en resultados, ideas y trayectorias. Si alguien aspira a gobernar la ciudad, debe recorrer las colonias, escuchar a la gente y explicar cómo resolverá los problemas de seguridad, movilidad, empleo y servicios públicos. Lo demás es ruido. Mucho ruido.
Es evidente que la familia Canturosas posee una larga presencia en la historia económica y social de Nuevo Laredo. Eso, sin embargo, no coloca a nadie por encima del escrutinio público; tampoco justifica que se le condene mediante rumores, falsificaciones o campañas clandestinas. En un Estado de derecho, las acusaciones deben sostenerse con documentos, testimonios verificables y pruebas contundentes, no con cadenas de WhatsApp, perfiles anónimos o imágenes generadas por inteligencia artificial.
La investigación sobre el origen de esta ofensiva tendrá que seguir su curso. Si existen responsables, deberán ser identificados y responder por sus actos. Porque una democracia se debilita cuando el debate se reemplaza por la calumnia y cuando la política se hunde en la cloaca de la desinformación. Nuevo Laredo merece algo mejor que una elección construida sobre el odio, la mentira y la manipulación.

