Opinión: Luis I. Valtierra Hernández
Columna: Criticar por Criticar
Nuevo Laredo, Tamaulipas – Hay políticos que entienden que el tiempo ayuda a sanar errores. Hay otros que creen que el tiempo sirve para que la gente olvide. Ramón Garza Barrios parece apostar a lo segundo.
Después de haber encabezado una administración que dejó a Nuevo Laredo cargando una deuda superior a los mil millones de pesos, el exalcalde busca ahora construir una nueva imagen pública. Ya no desde la tribuna política ni desde la gestión de gobierno, sino desde las redes sociales. Bailes, videos, tendencias, canciones y contenido diseñado para captar la atención de una audiencia joven que quizá no vivió, o no recuerda, los años en que se comprometió el futuro financiero de la ciudad.
La estrategia es evidente: sustituir la memoria por el entretenimiento.
Pero la realidad tiene una enorme desventaja para quienes intentan reinventarse sin rendir cuentas. Los números no desaparecen. Tampoco las decisiones que marcaron una etapa de gobierno.
Durante aquella administración se justificaron créditos millonarios bajo la promesa de transformar la infraestructura urbana, resolver problemas históricos y detonar el desarrollo de la ciudad. Sin embargo, para muchos ciudadanos el saldo final fue muy distinto: obras cuestionadas, proyectos inconclusos, rezagos persistentes y una pesada deuda que terminó siendo absorbida por generaciones de contribuyentes.
Por eso resulta inevitable la comparación. Quien antes defendía préstamos multimillonarios hoy busca aprobación en redes sociales. Quien administró recursos públicos ahora persigue visualizaciones. El problema no es que un exfuncionario quiera utilizar Facebook. El problema es cuando el espectáculo parece convertirse en una estrategia para maquillar un pasado político incómodo.
Más preocupante aún es que detrás de esta operación de reposicionamiento aparecen personajes conocidos por los neolaredenses. Héctor Canales, quien ocupó la Tesorería Municipal durante aquella administración y actualmente encabeza el Partido Verde en Nuevo Laredo, figura como una pieza central en este proyecto político.
Nadie en política mueve fichas por casualidad.
La percepción que comienza a tomar fuerza es que el control del partido no tiene otro propósito que construir una eventual candidatura para Ramón Garza Barrios. No se trata de una aventura digital ni de una simple afición por las redes sociales. Se trata de una estrategia para regresar al escenario electoral utilizando una narrativa distinta y un envoltorio más atractivo.
La apuesta es arriesgada, pero simple: que los videos sean más recordados que las decisiones de gobierno. Que los bailes oculten la deuda. Que los algoritmos sustituyan a la rendición de cuentas. Que las nuevas generaciones conozcan al creador de contenido y no al político que dejó una de las cargas financieras más pesadas en la historia reciente de Nuevo Laredo.
Sin embargo, existe un obstáculo que ninguna plataforma digital ha logrado eliminar: la memoria colectiva.
Las redes sociales pueden viralizar una imagen en cuestión de horas, pero no pueden reescribir los hechos. No pueden borrar los compromisos incumplidos ni las consecuencias de las decisiones tomadas desde el poder.
Porque al final del día, la discusión no gira en torno a si Ramón Garza Barrios sabe bailar, cantar o seguir tendencias. Lo verdaderamente importante es otra cosa: si cree que una ciudad que tardó años en enfrentar las consecuencias de aquella deuda está dispuesta a olvidar tan fácilmente quién la contrajo.
Y esa respuesta, por más filtros, música o efectos especiales que se utilicen, difícilmente podrá encontrarse en Facebook.

