Opinión: Luis I. Valtierra Hernández
Columna: Criticar por Criticar
Ciudad Victoria, Tamaulipas.– El discurso oficial volvió a chocar con la realidad que diariamente enfrentan miles de tamaulipecos. Mientras el gobernador Américo Villarreal presume que el estado permanece en “semáforo verde” en materia de seguridad, las carreteras continúan bajo percepción de riesgo, las ciudades fronterizas siguen registrando episodios violentos y la presencia criminal permanece incrustada en distintas regiones de la entidad.
Desde Palacio de Gobierno, el mandatario aseguró que Tamaulipas presenta avances importantes gracias a evaluaciones “neutrales” y mediciones internacionales que colocan a ciudades como Tampico y Ciudad Madero entre las más seguras del país. Incluso destacó a Nuevo Laredo dentro de los primeros lugares nacionales.
Sin embargo, fuera de los rankings y estadísticas oficiales, la percepción ciudadana dista mucho del optimismo gubernamental. Basta recorrer carreteras estatales, escuchar reportes diarios de enfrentamientos, desapariciones o persecuciones, para entender que el problema de inseguridad sigue lejos de resolverse.
El gobierno insiste en vender la narrativa de la “transformación” en seguridad, pero los hechos recientes evidencian otra realidad. El caso ocurrido en Matamoros, donde perdió la vida una persona vinculada al entorno consular estadounidense, volvió a colocar a Tamaulipas bajo reflectores internacionales. Aunque Villarreal minimizó el episodio y sostuvo que no existió confrontación oficial con autoridades diplomáticas, el incidente exhibió nuevamente el nivel de tensión y violencia que persiste en municipios fronterizos.
La administración estatal presume que los homicidios disminuyeron respecto a años anteriores. El gobernador incluso comparó cifras al señalar que cuando inició su mandato se registraban alrededor de 130 asesinatos mensuales y que actualmente la cifra ronda los 12 casos en el presente mes.
Pero reducir números no significa recuperar la tranquilidad. La violencia no desaparece únicamente porque bajen ciertos indicadores. El miedo continúa presente en muchas zonas del estado donde ciudadanos modifican horarios, evitan carreteras o simplemente aprenden a convivir con convoyes armados como parte de la rutina.
La insistencia oficial en presumir “semáforos verdes” también refleja un problema recurrente en los gobiernos: gobernar más para las estadísticas que para la percepción real de la población. Porque mientras desde el escritorio se habla de avances, en colonias y carreteras todavía prevalece la desconfianza hacia las autoridades y la sensación de vulnerabilidad.
Américo Villarreal asegura que continuará reforzando la estrategia mediante inteligencia, Guardia Estatal y coordinación federal. El problema es que Tamaulipas lleva años escuchando prácticamente el mismo discurso, administración tras administración, mientras la inseguridad cambia de forma, pero nunca desaparece del todo.
La realidad es incómoda: Tamaulipas podrá aparecer en verde en algunos informes, pero para miles de ciudadanos el estado sigue viviendo en tonos de alerta.

