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Tamaulipas: el discurso de la seguridad que no convence

Opinión: Luis I. Valtierra Hernández

Columna: Criticar por Criticar

Mientras la violencia sigue dejando episodios constantes en carreteras, municipios y regiones completas de Tamaulipas, el gobernador Américo Villarreal Anaya insiste en vender una narrativa de estabilidad que cada vez resulta más difícil de sostener frente a la realidad cotidiana de miles de ciudadanos.

Durante su programa “Diálogos con Américo”, el mandatario habló de una frontera “segura, moderna y competitiva”. El problema no es el discurso. El problema es que los tamaulipecos viven otra cosa. Basta recorrer las carreteras del norte del estado, escuchar a transportistas, comerciantes o familias enteras que siguen modificando horarios y rutas por miedo, para entender que la percepción oficial y la realidad social no coinciden.

Desde el gobierno estatal se presume una reducción en la incidencia delictiva, apoyándose en cifras y mesas de seguridad que se celebran diariamente. Sin embargo, la estrategia parece más enfocada en controlar la narrativa pública que en recuperar la tranquilidad perdida durante años. La propaganda institucional insiste en hablar de paz; la ciudadanía sigue hablando de desapariciones, bloqueos, cobros ilegales y zonas donde la autoridad simplemente aparece de manera intermitente.

El gobernador asegura que la frontera norte avanza gracias a nuevas estaciones seguras, proyectos aduaneros y obras de infraestructura. Pero en Tamaulipas ya existe un historial amplio de anuncios espectaculares que pocas veces se traducen en resultados tangibles para la población. Se anuncian inversiones millonarias mientras colonias enteras continúan padeciendo servicios deficientes, calles destruidas y una sensación permanente de incertidumbre.

Resulta inevitable cuestionar también la insistencia del gobierno en presentar a Nuevo Laredo como símbolo de prosperidad y seguridad estratégica, cuando precisamente esa región ha sido históricamente una de las más golpeadas por la disputa criminal. Hablar de modernidad aduanera y crecimiento logístico luce bien en conferencias y transmisiones oficiales; otra cosa muy distinta es garantizar que empresarios, traileros y ciudadanos puedan transitar sin temor.

Y aunque Villarreal Anaya habla de reconstrucción del tejido social, el desgaste político de su administración también empieza a reflejarse en otro terreno: la credibilidad. Porque un gobierno puede repetir todos los días que las cosas van mejorando, pero cuando la gente no lo percibe en su vida diaria, el mensaje termina convirtiéndose en un ejercicio de autoelogio desconectado de la realidad.

Tamaulipas tiene potencial económico, energético y comercial, nadie lo discute. Lo verdaderamente preocupante es que ese potencial siga siendo utilizado como discurso político mientras persisten problemas estructurales que no se resuelven con transmisiones oficiales ni con estadísticas cuidadosamente presentadas.

Hoy el reto del gobierno estatal no es producir mensajes optimistas. El verdadero desafío es convencer con hechos. Y ahí, hasta ahora, la administración de Américo Villarreal sigue quedando a deber.

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