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Comparecencias a modo: cifras alegres y una realidad que no cambia

Opinión: Luis I. Valtierra Hernández
Columna: Criticar por Criticar

Ciudad Victoria, Tamaulipas.– En el papel, todo avanza. En la tribuna, todo cuadra. Pero fuera del recinto legislativo, la historia es otra. La comparecencia de la secretaria de Bienestar Social, Silvia Lucero Casas González, ante el Congreso local terminó convertida en un desfile de cifras optimistas que, más que explicar la realidad, intentan maquillarla.

El discurso oficial presume una reducción “histórica” de la pobreza extrema cercana al 50 por ciento en apenas tres años. Una afirmación de ese tamaño exigiría evidencia sólida, verificable y, sobre todo, palpable en las calles. Sin embargo, basta recorrer colonias marginadas —urbanas y rurales— para constatar que la precariedad sigue ahí, intacta, resistiendo cualquier narrativa triunfalista.

Se habló de millones de apoyos alimentarios, de cientos de miles de beneficiarios y de inversiones millonarias. Números que impresionan, sí, pero que también generan preguntas incómodas: ¿cómo se mide realmente el impacto?, ¿qué tanto de esos recursos cambia de fondo las condiciones de vida?, ¿o se trata, una vez más, de programas asistencialistas que alivian momentáneamente sin resolver el problema estructural?

La funcionaria destacó la entrega de paquetes alimentarios, la operación de comedores y apoyos económicos para situaciones específicas. Acciones necesarias, sin duda, pero insuficientes cuando se presentan como solución de fondo. Alimentar hoy no garantiza desarrollo mañana. Y en ese vacío es donde la política social suele quedarse corta.

También se insistió en el uso de herramientas tecnológicas para ubicar zonas de pobreza. Un avance técnico que poco significa si no se traduce en resultados visibles. Detectar la necesidad no es el reto; atenderla con eficacia, sí.

En materia de empleo temporal, los números vuelven a parecer decorosos. Pero la realidad es que estos esquemas rara vez generan estabilidad. Son paliativos. Respuestas inmediatas a problemas urgentes, pero sin continuidad ni impacto duradero. El círculo de la pobreza, mientras tanto, sigue girando.

El énfasis en infraestructura, cultura, deporte y cohesión social completa el cuadro de una administración que apuesta por la amplitud de acciones. Sin embargo, dispersar esfuerzos no siempre equivale a transformar. A veces, sólo diluye responsabilidades.

La comparecencia cumplió con el protocolo: rendición de cuentas en forma, aplausos contenidos y un mensaje alineado al discurso gubernamental. Pero la deuda de fondo permanece. Porque mientras las cifras presumen avances, la percepción ciudadana —esa que no se puede maquillar en informes— sigue marcada por la desigualdad, la falta de oportunidades y la persistencia de carencias básicas.

En política social, los números pueden convencer en el papel. La realidad, en cambio, siempre termina imponiéndose. Y en Tamaulipas, esa realidad dista mucho de ser el éxito que hoy se intenta vender.

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