En una ciudad donde la convivencia se pone a prueba todos los días, el respeto a los espacios destinados para personas con discapacidad sigue siendo una deuda pendiente. La Dirección de Tránsito y Vialidad lanzó un nuevo exhorto a la ciudadanía, insistiendo en algo que debería ser elemental: no ocupar lugares diseñados para quienes realmente los necesitan.
El llamado no surge de la nada. Detrás hay una práctica recurrente que se repite en centros comerciales, calles y espacios públicos: automovilistas que, por comodidad o simple desinterés, invaden cajones exclusivos sin contar con acreditación. Una conducta que, más allá de la infracción, refleja una preocupante falta de empatía.
Ante esta situación, elementos operativos mantienen recorridos constantes para vigilar el uso correcto de estos espacios. Sin embargo, la supervisión por sí sola no resuelve el problema de fondo. La autoridad puede sancionar, pero el cambio real depende de la conciencia ciudadana.
Los espacios reservados no son un privilegio, sino una necesidad. Están diseñados para facilitar el acceso y la movilidad de personas con discapacidad, quienes enfrentan barreras adicionales en su vida diaria. Ocuparlos indebidamente no es una falta menor: es una acción que limita derechos y complica aún más su entorno.
Desde la corporación vial se insiste en actuar con responsabilidad. No se trata únicamente de evitar una multa, sino de asumir una conducta cívica básica en una sociedad que aspira a ser incluyente.
Mientras el problema persista, los exhortos seguirán siendo necesarios. Pero la verdadera solución no está en los discursos ni en los operativos: está en la decisión individual de respetar lo que no nos corresponde.

