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Francisco Cuéllar Cardona deja Comunicación Social de Tamaulipas entre críticas del gremio periodístico

Opinión: Luis I. Valtierra Hernández
Columna: Criticar por Criticar

La salida de Francisco Cuéllar Cardona del área de Comunicación Social del gobierno estatal cierra una etapa que, para muchos dentro del gremio periodístico, deja más cuestionamientos que resultados. Tras tres años y medio al frente de la estrategia de comunicación del gobierno que encabeza Américo Villarreal Anaya, su gestión difícilmente puede presumir una relación sana, abierta y respetuosa con la prensa.

En su mensaje de despedida, Cuéllar Cardona afirmó que durante su administración se brindó un trato digno a los medios de comunicación. Sin embargo, la realidad percibida por numerosos periodistas dista mucho de ese discurso. Desde la Coordinación de Comunicación Social se instauró un sistema de selección que privilegiaba a reporteros alineados con el discurso oficial, mientras que aquellos periodistas que buscaban ejercer su labor con cuestionamientos críticos o incómodos simplemente eran excluidos de los espacios de participación.

Las conferencias y eventos públicos del gobernador parecían cuidadosamente diseñados para evitar preguntas incómodas. En lugar de fomentar el ejercicio democrático de la rendición de cuentas, se optó por dar la palabra a comunicadores cuya línea editorial coincidía plenamente con la narrativa gubernamental, muchos de ellos beneficiarios directos de recursos públicos mediante convenios de publicidad oficial.

A ello se suma un estilo de operación que, según denuncian integrantes del gremio, derivó en campañas de desprestigio contra periodistas críticos. Desde la propia trinchera institucional se habría impulsado una dinámica de confrontación con comunicadores independientes, debilitando aún más la ya frágil relación entre el poder político y la prensa en el estado.

En términos de comunicación institucional y estrategia digital, la gestión también dejó rezagos evidentes. Mientras en otras entidades se fortalecen plataformas digitales, se apuesta por la innovación y se diversifica la interacción con la ciudadanía, en Tamaulipas se mantuvo un modelo anclado en esquemas tradicionales. La preferencia por medios con estructuras obsoletas y audiencias cada vez más reducidas limitó el alcance y la modernización de la comunicación gubernamental.

Tampoco pasaron desapercibidos los señalamientos sobre posibles beneficios otorgados a empresas vinculadas a su círculo cercano. Diversos comentarios dentro del ámbito político y mediático apuntan a que recursos públicos habrían favorecido a colaboradores, amigos o familiares. Aunque hasta ahora se trata de versiones que deberán ser investigadas y aclaradas por las instancias correspondientes, el tema ha contribuido a empañar aún más el balance de su gestión.

Desde una perspectiva profesional en el ámbito de la comunicación pública, el periodo en que Francisco Cuéllar Cardona encabezó la Coordinación de Comunicación Social puede considerarse uno de los más cuestionados en la historia reciente del gobierno estatal. Más que construir puentes con el periodismo y fortalecer la transparencia institucional, su paso por el cargo dejó una relación fracturada con el gremio y una estrategia de comunicación que quedó rezagada frente a los desafíos actuales.

La comunicación gubernamental debería ser un instrumento para informar con transparencia y facilitar el escrutinio público. Cuando se utiliza para filtrar preguntas, premiar lealtades o marginar voces críticas, pierde su esencia democrática. Esa es, precisamente, la principal deuda que deja esta etapa en la comunicación del gobierno de Tamaulipas.

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